EL CANTO Y LA FORTUNA
El hombre y yo somos amantes.
Él me desea y yo suspiro por él,
Pero ¡ay! Entre nosotros va la
Portadora de desdichas.
Es cruel y exigente,
Poseedora de vacua seducción.
Su nombre es materia
Nos sigue dondequiera que vayamos
Y nos observa como un centinela, trayendo
Desasosiego a mi amante.
Busco a mi amado en los bosques,
Bajo los árboles, junto a los lagos.
No puedo hallarlo, pues la Materia
Lo ha impulsado hacia la clamorosa
Ciudad y lo ha sentado en el trono
De las deslumbrantes, metálicas riquezas.
Lo llamo con la voz del
El hombre y yo somos amantes.
Él me desea y yo suspiro por él,
Pero ¡ay! Entre nosotros va la
Portadora de desdichas.
Es cruel y exigente,
Poseedora de vacua seducción.
Su nombre es materia
Nos sigue dondequiera que vayamos
Y nos observa como un centinela, trayendo
Desasosiego a mi amante.
Busco a mi amado en los bosques,
Bajo los árboles, junto a los lagos.
No puedo hallarlo, pues la Materia
Lo ha impulsado hacia la clamorosa
Ciudad y lo ha sentado en el trono
De las deslumbrantes, metálicas riquezas.
Lo llamo con la voz del
Conocimiento y la canción de la Sabiduría.
No me escucha, pues la Materia
Lo ha encerrado en el calabozo
Del egoísmo, donde mora la avaricia.
Lo busco en los campos de la Satisfacción,
Pero estoy sola, pues mi rival me ha
Encarcelado en la caverna de la glotonería
Y la avidez, y allí me ha apresado
Con dolorosas cadenas de oro.
Lo llamo al alba, cuando la Naturaleza sonríe.
Pero él no oye, pues el exceso ha
Desbordado sus embriagados ojos de enfermizo sueño.
Lo he entretenido al atardecer, cuando reina el
Silencio
Y duermen las flores. Pero él no responde,
Pues el temor de lo que traerá el amanecer
Obnubila sus pensamientos.
Se esfuerza por amarme;
Me busca en sus propios actos. Pero no
Me hallará sino en los actos de Dios.
Me busca en los edificios de su gloria
Cimentada sobre los huesos de otros;
Me susurra desde
Sus montañas de oro y plata;
Pero sólo me hallará viniendo hasta
La morada de la Simpleza construida por Dios
Al borde del manantial del afecto.
Desea besarme ante sus arcas,
No me escucha, pues la Materia
Lo ha encerrado en el calabozo
Del egoísmo, donde mora la avaricia.
Lo busco en los campos de la Satisfacción,
Pero estoy sola, pues mi rival me ha
Encarcelado en la caverna de la glotonería
Y la avidez, y allí me ha apresado
Con dolorosas cadenas de oro.
Lo llamo al alba, cuando la Naturaleza sonríe.
Pero él no oye, pues el exceso ha
Desbordado sus embriagados ojos de enfermizo sueño.
Lo he entretenido al atardecer, cuando reina el
Silencio
Y duermen las flores. Pero él no responde,
Pues el temor de lo que traerá el amanecer
Obnubila sus pensamientos.
Se esfuerza por amarme;
Me busca en sus propios actos. Pero no
Me hallará sino en los actos de Dios.
Me busca en los edificios de su gloria
Cimentada sobre los huesos de otros;
Me susurra desde
Sus montañas de oro y plata;
Pero sólo me hallará viniendo hasta
La morada de la Simpleza construida por Dios
Al borde del manantial del afecto.
Desea besarme ante sus arcas,
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