UN POETA SOLO ES EN SU MUERTE
Negras Alas de noche envolvieron la ciudad que la Naturaleza había cubierto con un impoluto
manto de nieve; los hombres abandonaban las calles buscando la calidez del hogar, mientras el viento
norte arrasaba los jardines. En las afueras se adivinaba la silueta de una añosa cabaña semioculta en la
nieve y a punto de derrumbarse. En un oscuro rincón de la casucha, con la mirada fija en la tenue luz
de una lámpara de aceite que el viento hacía oscilar, un joven agonizaba en humilde lecho. Era un
hombre en la plenitud de su vida; veía aproximarse llegar la hora que lo liberaría de las garras de la
vida. Aguardaba agradecido la visita de la Muerte; su pálido rostro revelaba los primeros destellos de
esperanza y en sus labios asomaba una amarga sonrisa que sus ojos bondadosos desmentían.
Era un poeta muriendo de hambre en la ciudad de las riquezas perennes. Llegó a esta mundo a
alegrar el corazón de los hombres con palabras de profunda belleza y sentido. Era un alma noble,
enviada por la Diosa de la Comprensión para aquietar y colmar de bondad el espíritu del hombre. Pero
¡Ay! el hombre se marchó feliz de la tierra inconmovible sin recibir ni una sonrisa de sus extraños
moradores.
Negras Alas de noche envolvieron la ciudad que la Naturaleza había cubierto con un impoluto
manto de nieve; los hombres abandonaban las calles buscando la calidez del hogar, mientras el viento
norte arrasaba los jardines. En las afueras se adivinaba la silueta de una añosa cabaña semioculta en la
nieve y a punto de derrumbarse. En un oscuro rincón de la casucha, con la mirada fija en la tenue luz
de una lámpara de aceite que el viento hacía oscilar, un joven agonizaba en humilde lecho. Era un
hombre en la plenitud de su vida; veía aproximarse llegar la hora que lo liberaría de las garras de la
vida. Aguardaba agradecido la visita de la Muerte; su pálido rostro revelaba los primeros destellos de
esperanza y en sus labios asomaba una amarga sonrisa que sus ojos bondadosos desmentían.
Era un poeta muriendo de hambre en la ciudad de las riquezas perennes. Llegó a esta mundo a
alegrar el corazón de los hombres con palabras de profunda belleza y sentido. Era un alma noble,
enviada por la Diosa de la Comprensión para aquietar y colmar de bondad el espíritu del hombre. Pero
¡Ay! el hombre se marchó feliz de la tierra inconmovible sin recibir ni una sonrisa de sus extraños
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