LA NUEZ DE ARRIBA: LA MORADA DE LA RIQUEZA...

LA MORADA DE LA RIQUEZA

Mi fatigado corazón se despidió de mí para irse a la Morada de la Riqueza. Al llegar a esa ciudad
sagrada, que el alma había alabado y glorificado, comenzó a vagar desconcertado ante la ausencia de
lo que siempre había imaginado hallar. La ciudad estaba vacía de poder, riquezas y autoridad.
Y mi corazón se dirigió a la hija del Amor y le dijo:
-Oh, Amor, ¿dónde puedo hallar a la Satisfacción? He oído que ha venido a hacerte compañía.
Y la hija del Amor respondió:
-La Satisfacción ya se ha ido a predicar su evangelio a la ciudad donde gobiernan la avidez y la
corrupción. No la necesitamos.
La Riqueza no implora Satisfacción, porque ésta es recompensa terrena, con deseos colmados de
objetos materiales. La Satisfacción es expresión del corazón.
El alma eterna no está nunca satisfecha; su objetivo es la búsqueda permanente de lo sublime. Así
mi corazón se dirigió a la Belleza de la Vida y le dijo:
-Tú eres toda Sabiduría; ilumíname como el misterio de la Mujer.
-Oh, corazón humano -Ella me respondió-, la mujer es tu propio reflejo, lo que tú eres, y se halla
dondequiera que tú estés; es como la religión desoída por el ignorante, y como la luna límpida de
nubes, y como la bris a libre de impurezas. Y mi corazón se encaminó hacia la Sabiduría, hija del
Amor y la Belleza, y le dijo:
-Concédeme Sabiduría, y la compartiré con los míos.
-No nombres a la sabiduría sino a la Riqueza -ella me respondió -, pues la verdadera riqueza no
proviene de lo externo sino que nace en lo más Profundo de la vida. Compártela con los tuyos.