Si muriera y Dios me diera un último deseo, me encantaría resucitar en tus brazos, y con un beso decirte lo mucho que te quiero.
Voy a tirar el reloj porque no veo la hora de darte un beso.
Baila en mi boca la canción de los mil besos, muévete al son de los sentimientos y no dejes de mirarme con esos ojos que derriten cada trozo de mi corazón.