Por naturaleza poseemos dones que nos distinguen del mundo animal: el espacio que se produce entre el estímulo y la respuesta, entre las cosas que nos ocurren y la forma como reaccionamos ante ellas.
La conciencia nos conecta con la sabiduría de épocas pasadas y con la sabiduría del corazón.
Mientras desarrolla su imaginación, puede emplearla para crear en su mente lo que esperar crear en la vida.