LA NUEZ DE ARRIBA: Pero yo te adivinaba,...

Pero yo te adivinaba,
infinitamente pura,
desde el fondo de tus venas
donde nadie te escuchara;
donde nadie te sintiera
—inmutablemente bella—
porque estabas más allá
de la sangre y las pasiones;
de la gloria y el abrazo;
de la dicha y el fracaso;
del amor y el desengaño
y el dolor y la premura
y el valor y la razón
y el asombro necesarios
para ver el mundo;
para verlo todo
con los ojos desatados;
con la exacta posición
de la medida exacta;
más allá de la vida;
más allá de la muerte