Pero yo te presentía,
venerable, incontenida,
desde tu incalculada infancia
donde nadie te nombrara
porque estabas más allá
de la vida y la palabra.
Pero yo te adivinaba,
intangiblemente eterna,
desde el velo inescrutable
de tu magia venturosa
donde nadie te cantara;
donde nadie te implorara
porque estabas más allá
del olvido y el silencio;
de la tierra y el espacio;
de la flor y la semilla;
de los ojos y las manos
y los labios y los brazos necesarios
para ver la vida;
para ver la muerte;
para ver la verdadera
dimensión del tiempo.
venerable, incontenida,
desde tu incalculada infancia
donde nadie te nombrara
porque estabas más allá
de la vida y la palabra.
Pero yo te adivinaba,
intangiblemente eterna,
desde el velo inescrutable
de tu magia venturosa
donde nadie te cantara;
donde nadie te implorara
porque estabas más allá
del olvido y el silencio;
de la tierra y el espacio;
de la flor y la semilla;
de los ojos y las manos
y los labios y los brazos necesarios
para ver la vida;
para ver la muerte;
para ver la verdadera
dimensión del tiempo.