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Soneto XXVII
DDDD Halló de madrugada aquel aliento
Al deshojar las flores de la vida,
El aire malherido que, dormida,
Borró en su rostro todo el sufrimiento.
DDDDUn cielo azul, un nuevo firmamento
Dejó volar tus alas, y, perdida,
El cielo se hizo grande, pues, vencida,
Tu voz esparció en él la luz del viento.
DDDDLa luz del sol rayó la lejanía,
Gorrión dorado, rápido estandarte
Que bellos horizontes encendía.
DDDD Fue cruel la madrugada con besarte
Cuando el azul del cielo descubría
Un sol que iluminaba cada parte.
2005 © José Ramón Muñiz Álvarez
“Las campanas de la muerte”
Primera parte: "Los arqueros del alba"
Todos los derechos reservados por el autor.
Soneto XXVII
DDDD Halló de madrugada aquel aliento
Al deshojar las flores de la vida,
El aire malherido que, dormida,
Borró en su rostro todo el sufrimiento.
DDDDUn cielo azul, un nuevo firmamento
Dejó volar tus alas, y, perdida,
El cielo se hizo grande, pues, vencida,
Tu voz esparció en él la luz del viento.
DDDDLa luz del sol rayó la lejanía,
Gorrión dorado, rápido estandarte
Que bellos horizontes encendía.
DDDD Fue cruel la madrugada con besarte
Cuando el azul del cielo descubría
Un sol que iluminaba cada parte.
2005 © José Ramón Muñiz Álvarez
“Las campanas de la muerte”
Primera parte: "Los arqueros del alba"
Todos los derechos reservados por el autor.