La radio marca los minutos de la vida; es diario, las horas, el libro; los días.
Los buenos profesores son caros, pero los malos lo son todavía más.
La religión debería servir más para dar ánimos a los buenos que para aterrorizar a los malos.
Los días no adquieren sabor hasta que uno escapa a la obligación de tener un destino.
Los ancianos gustan de darnos buenos preceptos para consolarse de no poder darnos malos ejemplos.