San Simón,
echa tu oveja al marón".
El pastoreo
El rebaño estaba al cuidado del pastor, que para ir por los montes llevaba su indumentaria particular y a la vez característica de la zona, compuesta, de los pies a la cabeza, por los siguientes elementos:
Los pies se calzaban con chanclos, calzado cuyo piso es de madera y que llevaba en su base tres tacos, también de madera, uno en el tacón y dos delante, llamados tarucos; el piso se recubría con material de cuero, con la forma de bota, clavado con puntas a la madera. O también podía calzar el pastor choclos, iguales que los chanclos pero sin tarucos. Si llevaba madreñas se ponía los escarpines (zapatillas de estameña, terminadas en pico, para meter dentro de las madreñas).
De las rodillas a los pies se cubría el pastor con polainas de cuero, atadas con hebillas, y que en su parte baja tienen una campana que cubre el calzado (campana de forma redondeada, de cuero); o podía cubrirse también con los leguis, iguales que las polainas pero sin la campana que cubre e calzado.
echa tu oveja al marón".
El pastoreo
El rebaño estaba al cuidado del pastor, que para ir por los montes llevaba su indumentaria particular y a la vez característica de la zona, compuesta, de los pies a la cabeza, por los siguientes elementos:
Los pies se calzaban con chanclos, calzado cuyo piso es de madera y que llevaba en su base tres tacos, también de madera, uno en el tacón y dos delante, llamados tarucos; el piso se recubría con material de cuero, con la forma de bota, clavado con puntas a la madera. O también podía calzar el pastor choclos, iguales que los chanclos pero sin tarucos. Si llevaba madreñas se ponía los escarpines (zapatillas de estameña, terminadas en pico, para meter dentro de las madreñas).
De las rodillas a los pies se cubría el pastor con polainas de cuero, atadas con hebillas, y que en su parte baja tienen una campana que cubre el calzado (campana de forma redondeada, de cuero); o podía cubrirse también con los leguis, iguales que las polainas pero sin la campana que cubre e calzado.
Atados por la cintura, colgaban los zahones hasta las rodillas, tomando la forma de las piernas, a las que iban atados; los zahones eran de cuero curtido. Podían ser también de piel de oveja, conservando la lana en su parte externa, y entonces se llamaban bragos.
El tórax estaba recubierto por la zamarra, de piel de oveja con la lana. La zamarra llega hasta el inicio de la bifurcación de las piernas; tenía abertura para la cabeza y también para los brazos, a los que cubra hasta el codo.
(Si tuviéramos que citar un ropaje al que se pareciera la zamarra, éste sería una dalmática usada en los oficios religiosos). También se recubría los brazos con mangas de pellejo de oveja.
El tórax estaba recubierto por la zamarra, de piel de oveja con la lana. La zamarra llega hasta el inicio de la bifurcación de las piernas; tenía abertura para la cabeza y también para los brazos, a los que cubra hasta el codo.
(Si tuviéramos que citar un ropaje al que se pareciera la zamarra, éste sería una dalmática usada en los oficios religiosos). También se recubría los brazos con mangas de pellejo de oveja.
Y en la cabeza, para guarecerse de la lluvia, la nieve o el frío, llevaba el pastor un capirucho o gorro de piel de oveja, con su lana en la parte externa también, que completaba su vestimenta.
Pero aún hay que citar la zurrona, morral o bolso también de piel de oveja con lana, que llevaba el pastor en bandolera y en el que guardaba la merienda, metida en un cuerno de vaca con tapadera de madera (tocino, morcilla, chorizo poco, porque decían los amos que picaba...), y la lesna, aguja con mango de madera para taladrar las pieles y coserlas luego. Llevaba asimismo el pastor, para el camino, el porraco, cayada grande, de fresno o negrillo (maderas elegidas por su dureza), cuya curva no se cerraba al final sino que quedaba abierta
Pero aún hay que citar la zurrona, morral o bolso también de piel de oveja con lana, que llevaba el pastor en bandolera y en el que guardaba la merienda, metida en un cuerno de vaca con tapadera de madera (tocino, morcilla, chorizo poco, porque decían los amos que picaba...), y la lesna, aguja con mango de madera para taladrar las pieles y coserlas luego. Llevaba asimismo el pastor, para el camino, el porraco, cayada grande, de fresno o negrillo (maderas elegidas por su dureza), cuya curva no se cerraba al final sino que quedaba abierta
El pastor, para entretenerse y combatir el aburrimiento de las jornadas montareces, se dedicaba, por ejemplo, a tejer calcetines de lana; o a labrar cucharas de madera o de asta de cuerno; o a elaborar calzado, como los chanclos o los choclos, ya descritos ambos.
Elemento importante en el cuidado y pastoreo del ganado eran los perros; todo rebaño contaba con sus buenos y adiestrados perros. Los había de todos tipos: perros mastines, destinados a vigilar al lobo y a combatirlo si se presentaba a matar ovejas; y perros de carea, cuya misión era guiar y correr a las ovejas si se desbandaban del redil; a los perros de carea solía, ponérseles cascabel, al cual distinguían las ovejas cuando, descarriadas, iba el perro por ellas. El respeto y el miedo al lobo ha sido siempre tradicional entre los pastores; su ataque se conoce como lobada; atacaba a las ovejas mordiéndolas por la gorguera (garganta), por donde se desangraban enseguida, y por el reteso (las ubres de la leche), por donde al instante salían las tripas. Los despojos que dejaba el lobo de la oveja, una vez comida (huesos, pellejos, lanas...) se llaman zalegos (3).
Elemento importante en el cuidado y pastoreo del ganado eran los perros; todo rebaño contaba con sus buenos y adiestrados perros. Los había de todos tipos: perros mastines, destinados a vigilar al lobo y a combatirlo si se presentaba a matar ovejas; y perros de carea, cuya misión era guiar y correr a las ovejas si se desbandaban del redil; a los perros de carea solía, ponérseles cascabel, al cual distinguían las ovejas cuando, descarriadas, iba el perro por ellas. El respeto y el miedo al lobo ha sido siempre tradicional entre los pastores; su ataque se conoce como lobada; atacaba a las ovejas mordiéndolas por la gorguera (garganta), por donde se desangraban enseguida, y por el reteso (las ubres de la leche), por donde al instante salían las tripas. Los despojos que dejaba el lobo de la oveja, una vez comida (huesos, pellejos, lanas...) se llaman zalegos (3).