Vestía el hombre harapos de ventura,
jirones de heliotropos, de azucenas.
El aroma de un trágico final
envolvía gardenias silenciosas
por vigilias sin alba.
Entre la lobreguez esclarecían
diez guirnaldas de estrellas
goteando su llanto luminoso.
Un sudario de sombras invisibles
cubría los desnudos.
El ángel de alas rotas
perecía en el fango
con plumas impregnadas de alto vuelo
jirones de heliotropos, de azucenas.
El aroma de un trágico final
envolvía gardenias silenciosas
por vigilias sin alba.
Entre la lobreguez esclarecían
diez guirnaldas de estrellas
goteando su llanto luminoso.
Un sudario de sombras invisibles
cubría los desnudos.
El ángel de alas rotas
perecía en el fango
con plumas impregnadas de alto vuelo