César Borja, Ecuador, 1852
Pan en la siesta
Surca el hondo remanso la píragua,
al pie del umbroso platanal esbelto,
cuyo follaje satinado y suelto
copia en su seno tembloroso el agua.
Arden las playas, al fulgor de fragua
del Sol estivo; y, en la luz envuelto,
relumbra, en chorros, el raudal disuelto
sobre un áspero lomo de cangagua.
Como dormidos en la siesta ardiente,
yacen los campos; y, en el haz de grana
del llano, explende el implacable estío.
Y cruza, y riega en el cristal luciente
del Esmeraldas, su sombra gama
el mirlo negro, trovador del río.
Pan en la siesta
Surca el hondo remanso la píragua,
al pie del umbroso platanal esbelto,
cuyo follaje satinado y suelto
copia en su seno tembloroso el agua.
Arden las playas, al fulgor de fragua
del Sol estivo; y, en la luz envuelto,
relumbra, en chorros, el raudal disuelto
sobre un áspero lomo de cangagua.
Como dormidos en la siesta ardiente,
yacen los campos; y, en el haz de grana
del llano, explende el implacable estío.
Y cruza, y riega en el cristal luciente
del Esmeraldas, su sombra gama
el mirlo negro, trovador del río.