El paseo por el Tínima
Atormentado por la pena impía
a la orilla del Tínima vagaba,
y sus corrientes puras aumentaba
con el acerbo llanto que vertía.
« ¿Adónde está Mirtila?» le decía
con débil voz que lenta resonaba,
y el eco de lejos me escuchaba,
« ¿Adónde está Mirtila?» repetía.
De las serenas ondas de repente
dando al aire las bellas hebras de oro,
una ninfa salió, que blandamente
enjugar quiso mi angustiado lloro:
La vi, no era Mirtila, odié su encanto,
bajé los ojos y volví a mi llanto.
Atormentado por la pena impía
a la orilla del Tínima vagaba,
y sus corrientes puras aumentaba
con el acerbo llanto que vertía.
« ¿Adónde está Mirtila?» le decía
con débil voz que lenta resonaba,
y el eco de lejos me escuchaba,
« ¿Adónde está Mirtila?» repetía.
De las serenas ondas de repente
dando al aire las bellas hebras de oro,
una ninfa salió, que blandamente
enjugar quiso mi angustiado lloro:
La vi, no era Mirtila, odié su encanto,
bajé los ojos y volví a mi llanto.