Uno puede devolver un préstamo de oro, pero está en deuda de por vida con aquellos que son amables.
Es tan grande el placer que se experimenta al encontrar un hombre agradecido que vale la pena arriesgarse a no ser un ingrato.
La ingratitud es el precio del favor inmerecido.
El agradecimiento es la memoria del corazón.
Nada hay tan armonioso como el elogio que se ha merecido.