a Magdalena Otero
La sonoridad de tu voz llega acariciando mis lamentos...
besando almas que te cruzan en el eco vibrante del canto
tienes el encanto de las noches de primavera
cuando asoma tímida la glicina... y perfuma el jardín,
invitando siempre al amor ilusionado...
la quietud de la noche se torna en fiesta...
Cautivas con tu sonrisa, amaneciendo sublimes
sentimientos madurados en cofre secreto de vidas...
esa misma que hoy te sorprende con su magia
tornando la niña en la mujer de hoy...
aun en dualidades...
mi niña de la barbie o la seductora Magdalena...
Pasan ante tus ojos miles de colores...
de días, de noches donde cantas con el grillo,
o te enamoras de una zamba escapada de una guitarra...
esculpes voces interiores que te gritan,
llamando a la sonoridad de tu voz..
rogando que jamás deje de cantar.
Nunca sentirás el frió de la soledad
te acompañan abrigando
mi amor y mi poncho rojo sangre
que te ampara.... ¡delicada flor...!
Marcelo Romano
Salta, Argentina
La sonoridad de tu voz llega acariciando mis lamentos...
besando almas que te cruzan en el eco vibrante del canto
tienes el encanto de las noches de primavera
cuando asoma tímida la glicina... y perfuma el jardín,
invitando siempre al amor ilusionado...
la quietud de la noche se torna en fiesta...
Cautivas con tu sonrisa, amaneciendo sublimes
sentimientos madurados en cofre secreto de vidas...
esa misma que hoy te sorprende con su magia
tornando la niña en la mujer de hoy...
aun en dualidades...
mi niña de la barbie o la seductora Magdalena...
Pasan ante tus ojos miles de colores...
de días, de noches donde cantas con el grillo,
o te enamoras de una zamba escapada de una guitarra...
esculpes voces interiores que te gritan,
llamando a la sonoridad de tu voz..
rogando que jamás deje de cantar.
Nunca sentirás el frió de la soledad
te acompañan abrigando
mi amor y mi poncho rojo sangre
que te ampara.... ¡delicada flor...!
Marcelo Romano
Salta, Argentina