Un día lo vi distinto. Tenía la mirada enfocada en lo distante. Casi ausente. Pienso ahora que tal vez presentía que ése era el último día de su vida.
Me aproximé y le dije:
- ¡Buen día, abuelo!
Y él extendió su silencio. Me senté junto a su sillón y luego de un misterioso instante, exclamó:
- ¡Hoy es día de inventario, hijo!
- ¿Inventario? - pregunté sorprendido.
- ¡Buen día, abuelo!
Y él extendió su silencio. Me senté junto a su sillón y luego de un misterioso instante, exclamó:
- ¡Hoy es día de inventario, hijo!
- ¿Inventario? - pregunté sorprendido.