Las gatitas de compañía llevan una vidorra que envidio cada día, pero especialmente los domingos. Yo seré esta noche una musimú blanda y suavita que me acoplo muy cómodamente en el regazo de mi amito bueno que me da galletitas multivitaminadas para que yo luzca tan hermosota.
Estoy acomodada en la entrepierna de mi compañero de sofá y él me acaricia.
Me rasca la cabeza y se gana mi confianza, acaricia mi frente y yo entorno los ojos, me achucha el cuello y los pongo en blanco, palmotea mi lomo y un éxtasis recorre mi espina dorsal. Me retuerzo, me giro y le obsequio con mis carnes más tiernas que él valora con interés de macho salido porque por mucho que yo me imagine gatita, él ve en mí una mujer despatarrada abandonándose toda.