El componente mágico que les da el rocío de la noche de San Juan es un complemento, pero un complemento que ha adquirido importancia a lo largo de los milenios y cuya tradición, según Amancio Castro, se remonta incluso a períodos prerromanos. El cristianismo intentó perseguirlo, pero sólo volvió más fuerte la creencia, que finalmente se integró en la cultura popular.