Los hombres de acción, si tuvieran sensibilidad, no serían hombres de acción. No podrían hacer nada. La sensibilidad es el disolvente de la acción.
Sin los escritores, aun los actos más laudables son de un día.
Si lo pensamos, veremos que muchos de los disgustos que nos sobrevienen lo son por palabras innecesarias.
El viejo es un enfermo sano.
El viejo es un enfermo sano.
La sensibilidad levanta una barrera que no puede salvar la inteligencia.
¿Qué sería un escritor sin esa traba que le obliga a sutiles vueltas y revueltas para decir lo que no se puede decir? La técnica literaria sale ganando.
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