LA NUEZ DE ARRIBA: Como telón de fondo, todos conocemos la polémica generada...

Modelos de belleza
Años atrás, antes de la llegada de Internet, solía realizar frecuentes viajes a Zaragoza desde mi localidad con el único objeto de comprar libros. En realidad, eran viajes en busca de nuevos amigos en el universo fascinante de la letra impresa. Para mí entrar en las grandes librerías era como hacerlo en un gran templo. En aquellos tiempos tenía tendencia a comprar libros de muy diferentes temáticas, y además escritos en una gran cantidad de lenguas románicas. Mi pasión desbordada por los libros ciertamente era desordenada y dispersa.

Con el paso del tiempo, esa dispersión fue dejando paso a un necesario enfoque. La adquisición de libros o revistas se hizo mucho más selectiva. También mis viajes culturales cesaron con el advenimiento de Internet. Y aunque sigo leyendo en la mayoría de mis queridas lenguas de la Romania, es curioso que ahora sea el inglés la lengua que monopoliza mis horas y en la que leo los libros que adquiero a través de Internet. Es curioso, porque la lengua que aprendí en la escuela fue el francés, el inglés he tenido que aprenderlo a través de un esfuerzo personal que no dudo en calificar de abrumador.

Sí, los tiempos cambian. Ahora, los umbrales de los templos que traspaso suelen ser más humildes. Confrontado con la elección de una revista en una librería de mi localidad, después de descartar algunas revistas de actualidad u otras de las llamadas del género rosa, finalmente adquirí la revista femenina ELLE. Nunca la había comprado con anterioridad, y no suelo comprar muchas publicaciones parecidas. Es verdad que siento atracción, como profano, por el mundo de la moda y por las tendencias de estilo en diferentes ámbitos.

Supongo que no es inusual que, de nuestros antiguos hábitos, siempre quede algún pequeño poso. ¿Volvía de nuevo mi antigua costumbre consistente en disipar excesivamente mi atención, en perder el foco, en extender en demasía mis intereses? No sabría decirlo, en aquel momento sólo creía tener la intuición de que compraba una revista relacionada de alguna manera con mi actividad artística. Y de hecho así era, en sentido lato.

Realmente la revista ELLE (de Marzo de 2007) me impresionó por su gran calidad y por el rigor y la belleza de sus contenidos. En este número se podrían destacar sendas entrevistas a José Saramago ("En el corazón de Saramago") y a Miquel Barceló ("Milagro en la catedral"). En la de éste último se nos muestra el soberbio trabajo que ha realizado en una capilla de la catedral de Palma.

La revista ELLE contaba con varios interesantes suplementos, uno de ellos era "Abctendencias / Primavera-Verano 2007". Debo decir la verdad. Me impresionó la extrema delgadez de gran parte de las modelos _y aparecían muchas de ellas_ que podían observarse en las amplias fotografías. No sería justo generalizar, pero repito, en la gran mayoría de las modelos advertí una tal delgadez que me dejó lleno de perplejidad, de asombro. Una delgadez, a mi juicio, cuasi-enfermiza, que en modo alguno podría calificarse de natural, ni por supuesto podría considerarse una condición deseable. Esas modelos potencialmente eran bellísimas, pero aquí y ahora yo sólo podía advertir unas caras, en bastantes casos, muy demacradas, unas figuras estrechísimas y unas piernas esqueléticas. No eran personas sanamente bellas.

Creo que mi opinión en el caso que comento es perfectamente objetiva, por cuanto no partía de ningún apriorismo. Como mero espectador, siempre he sentido un gran respeto por este mundo de la moda y de la alta costura, por otra parte muy bello, consideraciones comerciales a parte.

Siempre han existido cánones o modelos de belleza a lo largo de la historia, tanto para mujeres como para hombres, que han enfatizado determinadas proporciones, rasgos... Siempre podrán coexistir diferentes cánones de belleza, esto es más que deseable, pero es justo que sea dentro de la razonabilidad que impone el hecho del mantenimiento de una buena salud.

Como telón de fondo, todos conocemos la polémica generada en razón de la contratación de modelos por parte de los responsables de la Pasarela Cibeles. En mi caso, nunca había profundizado excesivamente en esta cuestión, es decir, que mi opinión no tenía un gran valor y era parcial, pero de un modo u otro estaba en contra de todo tipo de interferencias o intervenciones al respecto. Ahora, después de contar con alguna pieza más en este puzzle, con algo más de criterio, creo que la posición de los responsables de la Pasarela Cibeles _que está empezando a ser seguida en otros importantes certámenes_ merece la más atenta consideración, es más que razonable y comprensible.

Juan Bielsa