Modelos de belleza
Años atrás, antes de la llegada de Internet, solía realizar frecuentes viajes a Zaragoza desde mi localidad con el único objeto de comprar libros. En realidad, eran viajes en busca de nuevos amigos en el universo fascinante de la letra impresa. Para mí entrar en las grandes librerías era como hacerlo en un gran templo. En aquellos tiempos tenía tendencia a comprar libros de muy diferentes temáticas, y además escritos en una gran cantidad de lenguas románicas. Mi pasión desbordada por los libros ciertamente era desordenada y dispersa.
Años atrás, antes de la llegada de Internet, solía realizar frecuentes viajes a Zaragoza desde mi localidad con el único objeto de comprar libros. En realidad, eran viajes en busca de nuevos amigos en el universo fascinante de la letra impresa. Para mí entrar en las grandes librerías era como hacerlo en un gran templo. En aquellos tiempos tenía tendencia a comprar libros de muy diferentes temáticas, y además escritos en una gran cantidad de lenguas románicas. Mi pasión desbordada por los libros ciertamente era desordenada y dispersa.
Con el paso del tiempo, esa dispersión fue dejando paso a un necesario enfoque. La adquisición de libros o revistas se hizo mucho más selectiva. También mis viajes culturales cesaron con el advenimiento de Internet. Y aunque sigo leyendo en la mayoría de mis queridas lenguas de la Romania, es curioso que ahora sea el inglés la lengua que monopoliza mis horas y en la que leo los libros que adquiero a través de Internet. Es curioso, porque la lengua que aprendí en la escuela fue el francés, el inglés he tenido que aprenderlo a través de un esfuerzo personal que no dudo en calificar de abrumador.
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