LA CANCIÓN DEL INVIERNO
Llueve. Negras nubes cubren el cielo azul
y ocultan el sol,
la luz, que, iluminando y calentando los cuerpos, calienta
e ilumina las almas.
Hace frío; hay oscuridad. También hay frío en el corazón y nieve en el alma.
El invierno crudo, con sus nieves y el cierzo que azota, marchita las flores.
En invierno, los días son oscuros como las noches.
En el sepulcro reina la eterna noche.
Cuando hay dulce tristeza, se duerme, y entonces se
sueña y son rosados los sueños.
Llueve. Negras nubes cubren el cielo azul
y ocultan el sol,
la luz, que, iluminando y calentando los cuerpos, calienta
e ilumina las almas.
Hace frío; hay oscuridad. También hay frío en el corazón y nieve en el alma.
El invierno crudo, con sus nieves y el cierzo que azota, marchita las flores.
En invierno, los días son oscuros como las noches.
En el sepulcro reina la eterna noche.
Cuando hay dulce tristeza, se duerme, y entonces se
sueña y son rosados los sueños.
En la tumba, donde también se duerme,
¿como serán,
¡oh Dios!, los sueños? Cuando se despierta,
se sonríe al recuerdo de las delicias
que vimos en el reposo. Luego,
se frunce el ceño y se nubla la frente, estamos junto a la realidad, los sueños fueron sueños nada más.
En la tumba, ¿no hay despertar? ¿No vienen tras forjadas ilusiones, hirientes realidades? ¿No habrá perfumes de flores, brillo de estrellas, luz de aurora, risas angélicas,
calor celestial en el espíritu? ¡Oh!, las almas no tienen, de seguro, nieblas invernales, flores marchitas, nubes que oculten los luceros, borrascas que despedacen las barquillas, espinas ni dardos para el corazón, ni zarzas
que arranquen las plumas de sus palomas inocentes.
¿como serán,
¡oh Dios!, los sueños? Cuando se despierta,
se sonríe al recuerdo de las delicias
que vimos en el reposo. Luego,
se frunce el ceño y se nubla la frente, estamos junto a la realidad, los sueños fueron sueños nada más.
En la tumba, ¿no hay despertar? ¿No vienen tras forjadas ilusiones, hirientes realidades? ¿No habrá perfumes de flores, brillo de estrellas, luz de aurora, risas angélicas,
calor celestial en el espíritu? ¡Oh!, las almas no tienen, de seguro, nieblas invernales, flores marchitas, nubes que oculten los luceros, borrascas que despedacen las barquillas, espinas ni dardos para el corazón, ni zarzas
que arranquen las plumas de sus palomas inocentes.
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