Las maldiciones no van nunca más allá de los labios que las profieren.
La lealtad tiene un corazón tranquilo.
Ocurra lo que ocurra, aún en el día más borrascoso las horas y el tiempo pasan.
El hombre a quien no conmueve el acorde de los sonidos armoniosos, es capaz de toda clase de traiciones, estratagemas y depravaciones.
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