LA LUNA.
Señora de los Ciclos, que recreas
el rostro luminoso de tu amante
e imitas la mirada destellante
que por tus ojos de mujer le veas:
ya puede el hombre uncirle las correas
afanoso al arado, echar delante
el rastrillo, o la red lanzar constante;
tú seguirás rigiendo las mareas.
Y tus continuos cambios en el cielo,
¿quién los podrá frenar, señora mía?
El viento, en su voluble y tenue vuelo
continuará, impasible, en su porfía
del mar la superficie y la del suelo
rizando y modelando cada día.
Jose Benito Freijames
Señora de los Ciclos, que recreas
el rostro luminoso de tu amante
e imitas la mirada destellante
que por tus ojos de mujer le veas:
ya puede el hombre uncirle las correas
afanoso al arado, echar delante
el rastrillo, o la red lanzar constante;
tú seguirás rigiendo las mareas.
Y tus continuos cambios en el cielo,
¿quién los podrá frenar, señora mía?
El viento, en su voluble y tenue vuelo
continuará, impasible, en su porfía
del mar la superficie y la del suelo
rizando y modelando cada día.
Jose Benito Freijames