Burla de quiméricos argumentos.
Rompe la niebla de una gruta escura
un monstruo lleno de culebras pardas
y, entre sangrientas puntas de alabardas,
morir matando con furor procura.
Mas de la escura, horrenda sepultura
salen rabiando bramadoras guardas,
de la Noche y Plutón hijas bastardas,
que le quitan la vida y la locura.
De este vestigio nacen tres gigantes
y de estos tres gigantes, Doralice;
y de esta Doralice nace un Bendo.
Tu, mirón, que esto miras, no te espantes
si no lo entiendes; que, aunque yo lo hice,
así me ayude Dios que no lo entiendo.
Pedro de Espinosa.
A la Asunción.
En turquesadas nubes y celajes
están en los alcázares impirios
con blancas hachas y con blancos cirios
del sacro Dios los soberanos pajes.
Humean de mil suertes y linajes
entre amaranto y plateados lirios
inciensos indios y pebetes sirios
sobre alfombras de lazos y follajes.
Por manto el Sol, la Luna por chapines,
llegó la Virgen a la impiria sala,
visita que esperaba el Cielo tanto.
Echáronse a sus pies los serafines,
cantáronle los ángeles la gala
y sentóla a su lado el Verbo santo.
Pedro de Espinosa.
Rompe la niebla de una gruta escura
un monstruo lleno de culebras pardas
y, entre sangrientas puntas de alabardas,
morir matando con furor procura.
Mas de la escura, horrenda sepultura
salen rabiando bramadoras guardas,
de la Noche y Plutón hijas bastardas,
que le quitan la vida y la locura.
De este vestigio nacen tres gigantes
y de estos tres gigantes, Doralice;
y de esta Doralice nace un Bendo.
Tu, mirón, que esto miras, no te espantes
si no lo entiendes; que, aunque yo lo hice,
así me ayude Dios que no lo entiendo.
Pedro de Espinosa.
A la Asunción.
En turquesadas nubes y celajes
están en los alcázares impirios
con blancas hachas y con blancos cirios
del sacro Dios los soberanos pajes.
Humean de mil suertes y linajes
entre amaranto y plateados lirios
inciensos indios y pebetes sirios
sobre alfombras de lazos y follajes.
Por manto el Sol, la Luna por chapines,
llegó la Virgen a la impiria sala,
visita que esperaba el Cielo tanto.
Echáronse a sus pies los serafines,
cantáronle los ángeles la gala
y sentóla a su lado el Verbo santo.
Pedro de Espinosa.