Antes de empezar cualquier tarea, pide a los dioses que santifiquen tu esfuerzo.
Si tus plegarias fracasan en ayudarte, algo le falta a tu sinceridad.
Con Dios no existen ni el día ni la noche, ni lo distante ni lo cercano.
Tanto el cielo como el infierno provienen del propio corazón de uno.