Como se hace un poema
Quiero que hagamos un recuerdo hoy, como se hace un poema.
Hoy, que todavía tengo estrellas en los ojos y la piel suave y nueva como hojas tiernas que inaugura la primavera en los árboles de octubre.
Hoy, que mi voz se nutre con savia de tu amor y conoce el itinerario que llega hasta el centro de tu corazón enamorado.
Hoy, que me has comprado un ramillete de violetas y aún están vivas y tienen un poco de rocío en los pétalos, y mis manos las sostienen a la altura de mi pecho, haciéndoles oír los golpeteos apurados anhelantes, de este corazón loco que late al compás de tus palabras.
Quiero que hagamos un recuerdo hoy, como se hace un poema.
Hoy, que todavía tengo estrellas en los ojos y la piel suave y nueva como hojas tiernas que inaugura la primavera en los árboles de octubre.
Hoy, que mi voz se nutre con savia de tu amor y conoce el itinerario que llega hasta el centro de tu corazón enamorado.
Hoy, que me has comprado un ramillete de violetas y aún están vivas y tienen un poco de rocío en los pétalos, y mis manos las sostienen a la altura de mi pecho, haciéndoles oír los golpeteos apurados anhelantes, de este corazón loco que late al compás de tus palabras.
Hoy, que somos felices y que reímos por nada, porque en la plaza no hay nadie, pudimos sentamos en un banco para nosotros solos, debajo de una fina y transparente llovizna de junio que nos humedece el pelo y la cara y nos devuelve aquella infancia, aquellos niños que fuimos una vez, desobedientes, escapados de la tutela materna, metiendo los zapatos en los charcos, demorando nuestra vuelta de la escuela para jugar a la rayuela sobre las baldosas rotas de la vereda.
Un recuerdo.
Un recuerdo perfecto y preciso, pintado con la témpera de un gran pintor, con todos los colores y todas las luces de este instante, para poder mirarlo más adelante y verlo así: tus ojos pardos, mis ojos azules, tu impermeable gris, mi tapado amarillo, los árboles de un verde lavado, los guijarros rojos, el cielo como una plancha de azogue y plomo, las violetas azules.
Una muchacha alegre y un muchacho contento.
Un recuerdo.
Un recuerdo perfecto y preciso, pintado con la témpera de un gran pintor, con todos los colores y todas las luces de este instante, para poder mirarlo más adelante y verlo así: tus ojos pardos, mis ojos azules, tu impermeable gris, mi tapado amarillo, los árboles de un verde lavado, los guijarros rojos, el cielo como una plancha de azogue y plomo, las violetas azules.
Una muchacha alegre y un muchacho contento.