Para el ayer dormido
Tengo en ti la certeza de ese único momento
detector de la estrella fugaz que se diluye;
como si sólo viera circunstancial fragmento
de tu alma desprendido, que apenas llegar, huye.
Un instante, una rueda del tren de tu existencia
con su ruido y sus vueltas, sin ayer ni mañana,
palabra henchida de aire, veloz, sin permanencia,
golpe aislado en la quieta mudez de la campana.
Eres un hoy tan sólo, viejo eslabón aislado
que ni enlaza al amante, ni al cautivo encadena,
un drama que ha tenido su guión mutilado,
quedando únicamente la trama de una escena.
Aún puedo estar contigo, porque una vez tuvimos
la misma sed ardiente, y el agua compartida;
o tal vez lo soñamos, pero si lo creímos,
aún es, en cierto modo, parte de nuestra vida.
Me quedaré esta noche, sin volver la mirada
a las rosas que un día crecieron en mi huerto;
sin esperar que broten otras a la alborada,
para el ayer dormido, sólo para hoy despierto.
Tengo en ti la certeza de ese único momento
detector de la estrella fugaz que se diluye;
como si sólo viera circunstancial fragmento
de tu alma desprendido, que apenas llegar, huye.
Un instante, una rueda del tren de tu existencia
con su ruido y sus vueltas, sin ayer ni mañana,
palabra henchida de aire, veloz, sin permanencia,
golpe aislado en la quieta mudez de la campana.
Eres un hoy tan sólo, viejo eslabón aislado
que ni enlaza al amante, ni al cautivo encadena,
un drama que ha tenido su guión mutilado,
quedando únicamente la trama de una escena.
Aún puedo estar contigo, porque una vez tuvimos
la misma sed ardiente, y el agua compartida;
o tal vez lo soñamos, pero si lo creímos,
aún es, en cierto modo, parte de nuestra vida.
Me quedaré esta noche, sin volver la mirada
a las rosas que un día crecieron en mi huerto;
sin esperar que broten otras a la alborada,
para el ayer dormido, sólo para hoy despierto.