Un mes. Que se ha pasado pronto. Dieguito me ha mostrado su zapato muchas veces: -Mirá, tiene un agujero. Y uno quiere vivir. Por María, con las manos cortajeadas y rojas de fregar. Por Susana, la nena chiquita que camina sosteniéndose en las paredes llenas de manchas de humedad y pintura florecida. Por dieguito y su comprame y su zapato roto. Uno quiere vivir y estira las manos buscando ese poco de aire que lo sostenga. Pero se encuentra con el jornal que no alcanza para el hambre de cuatro, para el frío de cuatro. Se encuentra con las rajaduras del techo, el cartón donde se rompió el vidrio de la ventana, el canto de María en la cocina. ¿Cómo se le dice a la mujer " María te voy a dejar sola con los chicos y toda la pobreza sobre los hombros? ¿Cómo se le dice?
Un mes y nueve días. Algo me oprime el pecho. Y no son solamente las ganas de llorar ni la lluvia de afuera ni los hipos quejosos de Susana. María.
Quiero llamarla. Decirle una palabra para que se la guarde siempre. Una palabra linda. Algo que la haga sonreír. María. Nunca un vestido nuevo. Nunca un cine. Nunca un peinado en la peluquería. María... Pero la voz no sale. La voz se encoge en la garganta como un pichón con frío.
-Papá...-Dieguito se me acerca. Tiene barro en la cara y el pelo húmedo y desparejo sobre la frente nueva. Levanta su pie. Su pie de seis años. -Mirá... tengo un agujero en el zapato... Quiero decirle algo a él también. Algo sobre su zapato. Su fiel zapato que no lo ha abandonado. Algo sobre el ruido de las gotas que caen en el balde colocado debajo de la gotera más grande. Yo hubiera querido hacer algo por su zapato. La cabeza se me va vaciando, ante mis ojos todo se nubla, se aquieta, se acerca... se acerca... se aleja, se acerca, se aleja, se aleja, se aleja. Creo que estoy muriéndome, y siento la mano de Dieguito tironeándome de la camisa, y su pequeña voz desalentada: papá... pero papá...
Poldy Bird
Quiero llamarla. Decirle una palabra para que se la guarde siempre. Una palabra linda. Algo que la haga sonreír. María. Nunca un vestido nuevo. Nunca un cine. Nunca un peinado en la peluquería. María... Pero la voz no sale. La voz se encoge en la garganta como un pichón con frío.
-Papá...-Dieguito se me acerca. Tiene barro en la cara y el pelo húmedo y desparejo sobre la frente nueva. Levanta su pie. Su pie de seis años. -Mirá... tengo un agujero en el zapato... Quiero decirle algo a él también. Algo sobre su zapato. Su fiel zapato que no lo ha abandonado. Algo sobre el ruido de las gotas que caen en el balde colocado debajo de la gotera más grande. Yo hubiera querido hacer algo por su zapato. La cabeza se me va vaciando, ante mis ojos todo se nubla, se aquieta, se acerca... se acerca... se aleja, se acerca, se aleja, se aleja, se aleja. Creo que estoy muriéndome, y siento la mano de Dieguito tironeándome de la camisa, y su pequeña voz desalentada: papá... pero papá...
Poldy Bird