LA NUEZ DE ARRIBA: la música hizo de maestra de danzas e intercambiamos...

No quisiera morirme sin volver a verte

Yo tenía un vestido blanco con ventanitas de broderie en el ruedo. Había luna y un patio y naranjada y se bailaba dos pasos largos y un pasito corto.

Las chicas nos reuníamos en el baño para contarnos cosas y reírnos de nervios.

Vos no eras invitado; solamente el amigo de un amigo, pero nadie te dijo que te fueras. Tenías una camisa bien planchada y los ojos más bellos de la noche.

Creí que te acercabas para sacar a bailar a la dueña de casa, pero era a mí.

Al principio casi no podía hablarte porque tenía que contar los pasos un-dos-tres un-dos-tres, después

la música hizo de maestra de danzas e intercambiamos nombres y teléfonos

La vida era tan nueva, era tan larga, era tan sin estrenar y dulce, era tantas preguntas, era tantas promesas y esperanzas, era una extraordinaria omnipotencia: un territorio de descubrimiento donde todo el tiempo era nuestro y moriríamos de viejos algún lejano día en un lejano año...
Respuestas ya existentes para el anterior mensaje:
La vida era una estrella lustrada con el pañuelo de lustrar manzanas, ese pañuelo del que aun no conocíamos su vuelo de alondra gris para el adiós, su textura de nube para secar el llanto de los desconsuelos...

La vida era el instante en que vivíamos, una página en blanco para garabatearla o estrujarla, para hacer un barquito que navegara en charco de la lluvia o cruzara el Atlántico, porque todo, absolutamente todo era posible y bello y luminoso.

Por todo esto, por un bolero que cantaste a ... (ver texto completo)