¡Ya no riman, ya no cantan! Ya no piden al viajero
que les cuente la leyenda del gentil aventurero,
la princesa encarcelada y el enano encantador.
Ya no piden aquel cuento de la azada y el tesoro,
ni la
historia fabulosa de la guerra con el moro,
ni el romance tierno y bello de la
Virgen y el pastor.