Cuadro: Pedro Sanz
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NO CORTÉIS ESAS ROSAS...
No cortéis esas rosas tan hermosas,
que su olor va engendrando belleza interior,
no hagas que se marchite su delicado corazón.
Su tersura es la esencia y espiritualidad del
amor.
Cerca del mar, hay una rosa que nunca muere,
desde la taberna la diviso lo lejos, el color del
amor.
Voy dejando en ella mis versos profundos,
con enojo en mis ojos, consumidos por el dolor.
Era ufana, despierta, con contornos de princesa,
de piel firme y tersa como el pétalo de la rosa.
No cortéis las rosas, no las cortéis… no las
cortéis...
Se hacen mariposa en el entorno de su sombra.
De su rostro nunca murió su sonrisa, su mirada,
y vagando todavía va erguida en las olas de mis
sueños.
Cada amanecer viene a mi, como otro día,
como otro caminar, que sin ella, ya no tengo
empeño.
El huracán jamás podrá destruir de un soplo el
amor,
como si nunca hubiera existido, porque esa rosa
renueva,
día tras día, año tras año, el sentimiento
inmenso
de quererla hasta por ella morir, en la otra
vida.
Autora: Marisa Prunera
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NO CORTÉIS ESAS ROSAS...
No cortéis esas rosas tan hermosas,
que su olor va engendrando belleza interior,
no hagas que se marchite su delicado corazón.
Su tersura es la esencia y espiritualidad del
amor.
Cerca del mar, hay una rosa que nunca muere,
desde la taberna la diviso lo lejos, el color del
amor.
Voy dejando en ella mis versos profundos,
con enojo en mis ojos, consumidos por el dolor.
Era ufana, despierta, con contornos de princesa,
de piel firme y tersa como el pétalo de la rosa.
No cortéis las rosas, no las cortéis… no las
cortéis...
Se hacen mariposa en el entorno de su sombra.
De su rostro nunca murió su sonrisa, su mirada,
y vagando todavía va erguida en las olas de mis
sueños.
Cada amanecer viene a mi, como otro día,
como otro caminar, que sin ella, ya no tengo
empeño.
El huracán jamás podrá destruir de un soplo el
amor,
como si nunca hubiera existido, porque esa rosa
renueva,
día tras día, año tras año, el sentimiento
inmenso
de quererla hasta por ella morir, en la otra
vida.
Autora: Marisa Prunera