Las letras que te escribo no son tinta ni tintero, son lágrimas que derramo por lo mucho que te quiero.
Tu nariz es una cumbre de belleza sin igual. Felicito al cirujano, te quedo muy natural.
Yo soy tú bufanda y tú mi abrigo y gritemos juntos que nunca pase el invierno ¡Díos, mío!
Tus ojos son tan profundos que el universo se pierde en ellos.