SUEÑO DE BUENOS AIRES
No sé, no puedo explicar si fue un sabor,
un color o un perfume que me fue dejando el día.
Tal vez, fue un pensamiento aletargado
o alguna voz que encendió el alma mía.
El sueño, ese sentimiento indómito
que convierte en realidad las utopías,
despertó los recuerdos de una noche en Buenos Aires,
y de un beso que nunca fue beso en la vigilia.
Pero... no hay otoños ni olvidos para siempre,
ni vientos que azoten las caricias,
ni auroras que acusen a destiempo,
ni lluvias que mojen las cenizas.
Tu imagen regresa a mí, como un talismán
que roza la noche trayendo profecías.
Ningún milagro te ha salvado de mis sueños,
ni de lo que tengo... para soñarte todavía.
del libro “La memoria de los sueños”
Eduardo César Belloccio
No sé, no puedo explicar si fue un sabor,
un color o un perfume que me fue dejando el día.
Tal vez, fue un pensamiento aletargado
o alguna voz que encendió el alma mía.
El sueño, ese sentimiento indómito
que convierte en realidad las utopías,
despertó los recuerdos de una noche en Buenos Aires,
y de un beso que nunca fue beso en la vigilia.
Pero... no hay otoños ni olvidos para siempre,
ni vientos que azoten las caricias,
ni auroras que acusen a destiempo,
ni lluvias que mojen las cenizas.
Tu imagen regresa a mí, como un talismán
que roza la noche trayendo profecías.
Ningún milagro te ha salvado de mis sueños,
ni de lo que tengo... para soñarte todavía.
del libro “La memoria de los sueños”
Eduardo César Belloccio