A CAMINO DEL CIELO
Marise Ribeiro
Hombre rudo, alma endurecida de hambre,
manos vacías... su equipaje es sólo un nombre,
soledad en el vivir, soledad en el sufrimiento,
piel envejecida... voz de casi lamento.
Tiras de cuero en los pies dolidos
arrastran trapos empolvados, andar contenido,
ojos empañados por la falta del verde,
garganta durmiente herida por la sed.
El sur es su destino,
ya era su deseo desde niño,
pero fue quedando: "hasta que Dios quiera!..."
vio morir los hijos y la mujer.
Lo que espera encontrar, no sabe...
sólo sabe que va al frente, adelante,
en el corazón, la esperanza que el dolor acabe,
en los brazos, la fuerza de todo aislado.
Probablemente hallará un desierto más,
hará su techo a cielo abierto,
porque en la gran ciudad él estará más sólo
que si quedara comiendo polvo.
Marise Ribeiro
Hombre rudo, alma endurecida de hambre,
manos vacías... su equipaje es sólo un nombre,
soledad en el vivir, soledad en el sufrimiento,
piel envejecida... voz de casi lamento.
Tiras de cuero en los pies dolidos
arrastran trapos empolvados, andar contenido,
ojos empañados por la falta del verde,
garganta durmiente herida por la sed.
El sur es su destino,
ya era su deseo desde niño,
pero fue quedando: "hasta que Dios quiera!..."
vio morir los hijos y la mujer.
Lo que espera encontrar, no sabe...
sólo sabe que va al frente, adelante,
en el corazón, la esperanza que el dolor acabe,
en los brazos, la fuerza de todo aislado.
Probablemente hallará un desierto más,
hará su techo a cielo abierto,
porque en la gran ciudad él estará más sólo
que si quedara comiendo polvo.