Pero esa misma tarde que iba muriendo,
y que en el horizonte se veía como llamas encendidas,
en ese momento, alguien toco a su puerta,
y el todavía con sus lágrimas en sus ojos,
abrió la puerta, y era el Señor Jesús,
y al verlo el hombre se postro a sus pies,
y lo primero que le dijo fue:
y que en el horizonte se veía como llamas encendidas,
en ese momento, alguien toco a su puerta,
y el todavía con sus lágrimas en sus ojos,
abrió la puerta, y era el Señor Jesús,
y al verlo el hombre se postro a sus pies,
y lo primero que le dijo fue: