Allá, tras el gran mar, por el fin del XV, ni un tipo fue aún en una nave más allá de la raya que hay tras el mar. Todo tipo de allá teme a caer tras la raya. Cada tipo dice que tras la raya hay un feo ser que come todo lo que allá va. Pero un tano lee a Polo y sabe que no es así; sabe que si no teme y toma el remo e iza la vela irá al mar y le irá bien.
Como no hay oro para la nave, se lo pide al Rey y a su dama. Les dice: «Yo sé ir allí, yo sé todo»y, para que el Rey le crea, toma eso que el ave da y lo para en la mesa. Así el Rey le cree y le da la nave. Bah, le da tres. Pero el Rey no es bobo. Él sabe que si al tano le va bien, de ahí en más será un gran orbe el suyo (el del Rey, no el del tano, al que sólo le dará una miga de pan).
En fin: dada la nave aún no hay ni un tipo para ir con el tano. Así, el tano va a la cana y saca un reo para cada remo.
Un buen día, cada nave (las tres) se mete bien al mar. Cada tipo que no va, alza la mano y dice chau a la nave, como si ya no la vaya a ver más.
Y la nave va. Pasa un día… pasa un mes… (No sé si más de un mes ya que lo leí a los 10 años). Los reos, con frío y sed. Ya no hay pan. Un reo se come una rata, pero es un asco. Otro, si es por él, casi se come al tano. Pero el tano le dice a cada reo: «Den un día más» y al otro día, otra vez: «Den un día más» y así cada día. Ni un reo ya le cree (algo así como pasa aquí con el peso ¿no?).
Pero un día ¡por fin! Un tipo sube al palo, mira a la gran raya del mar y dice: « ¡Allí! ¡Allí! Ya lo vi». El tipo ve algo seco en el mar ¿Una isla? Tal vez. El tano y los reos ríen; ya pasó lo peor. Todo está bien. El tano baja con su cruz en la mano. Sabe que el rey le dijo: «La Fe debe ir con vos para allá. La Fe de acá está bien y toda otra está mal. Matá a toda otra Fe y robá el oro para mí». El tano (y todo el que va en otra nave tras él) así lo hace.
Así es como nace mi país, hace más de 500 años. Yo digo: que otro siga con lo que pasó tras lo del tano. Hay más y más para que otro diga. Lo que yo sé, y con esto doy fin a mi tema, es que hoy, cosa dura de ver, casi todo en mi país está así o peor que como el tano lo dejó. Y allá, tras el mar, aún está el oro que el tano se robó.
—Pher Chorny
Como no hay oro para la nave, se lo pide al Rey y a su dama. Les dice: «Yo sé ir allí, yo sé todo»y, para que el Rey le crea, toma eso que el ave da y lo para en la mesa. Así el Rey le cree y le da la nave. Bah, le da tres. Pero el Rey no es bobo. Él sabe que si al tano le va bien, de ahí en más será un gran orbe el suyo (el del Rey, no el del tano, al que sólo le dará una miga de pan).
En fin: dada la nave aún no hay ni un tipo para ir con el tano. Así, el tano va a la cana y saca un reo para cada remo.
Un buen día, cada nave (las tres) se mete bien al mar. Cada tipo que no va, alza la mano y dice chau a la nave, como si ya no la vaya a ver más.
Y la nave va. Pasa un día… pasa un mes… (No sé si más de un mes ya que lo leí a los 10 años). Los reos, con frío y sed. Ya no hay pan. Un reo se come una rata, pero es un asco. Otro, si es por él, casi se come al tano. Pero el tano le dice a cada reo: «Den un día más» y al otro día, otra vez: «Den un día más» y así cada día. Ni un reo ya le cree (algo así como pasa aquí con el peso ¿no?).
Pero un día ¡por fin! Un tipo sube al palo, mira a la gran raya del mar y dice: « ¡Allí! ¡Allí! Ya lo vi». El tipo ve algo seco en el mar ¿Una isla? Tal vez. El tano y los reos ríen; ya pasó lo peor. Todo está bien. El tano baja con su cruz en la mano. Sabe que el rey le dijo: «La Fe debe ir con vos para allá. La Fe de acá está bien y toda otra está mal. Matá a toda otra Fe y robá el oro para mí». El tano (y todo el que va en otra nave tras él) así lo hace.
Así es como nace mi país, hace más de 500 años. Yo digo: que otro siga con lo que pasó tras lo del tano. Hay más y más para que otro diga. Lo que yo sé, y con esto doy fin a mi tema, es que hoy, cosa dura de ver, casi todo en mi país está así o peor que como el tano lo dejó. Y allá, tras el mar, aún está el oro que el tano se robó.
—Pher Chorny