A ver qué sale de todo esto: que lío… no sé como se pasa de alga a otro ser vivo. Pero no ha de ser cosa de un día o dos, sino de un eón o dos, o tal vez más. Bien, la cosa es que el ser ya está: vive en el agua, nada, come, crea otro más y otro y otro… ya hay como cien mil o tal vez más. ¿El aire? no es sólo CO2, ya hay O2. ¿Qué es esto? ¿un pez? ¡Sí, es un pez! ¡Y sale del agua! Ya es un sapo, o tal vez una rana… y esto va para más…. al fin, hay un mono, pero este mono es de otro tipo: es un mono que anda, se para, mira… y aquí está, por fin, el Homo.
Así pasa una era, una edad… el Homo vive, caza y come, yace con una y con otra y cada día que pasa son más. Ya sabe cómo con una roca se hace una cosa y otra. Ya usa su seso. No del todo aún, pero algo más cada día. Hace una casa para él y para ella, sale de caza con el arma de roca, usa la sal, bebe agua del río (come uvas, pero aún no sabe lo que es el vino)… vive bien, o eso es lo que cree. Este ser y los que son como él, ya son un clan. Pero hay otro clan al lado, y otro más allá, al otro lado del río… ya son más. El arma, a mano… no se sabe bien qué pasa. Tal vez haya líos con esos de allá. Hay un jefe en el clan. Un día les dice « ¡A esos de allá!» y van con el arma de roca en la mano. El jefe mata al otro jefe, le dió con toda el alma con el arma de roca, un poco más y lo abre en dos (se dice que Caín con Abel hizo algo así). El que era jefe de clan, es el Gran Jefe de toda la zona del sur y del este, del lado de acá del río. Se oye todo el día « ¡Viva el Gran Jefe!».
Así pasa una era, una edad… el Homo vive, caza y come, yace con una y con otra y cada día que pasa son más. Ya sabe cómo con una roca se hace una cosa y otra. Ya usa su seso. No del todo aún, pero algo más cada día. Hace una casa para él y para ella, sale de caza con el arma de roca, usa la sal, bebe agua del río (come uvas, pero aún no sabe lo que es el vino)… vive bien, o eso es lo que cree. Este ser y los que son como él, ya son un clan. Pero hay otro clan al lado, y otro más allá, al otro lado del río… ya son más. El arma, a mano… no se sabe bien qué pasa. Tal vez haya líos con esos de allá. Hay un jefe en el clan. Un día les dice « ¡A esos de allá!» y van con el arma de roca en la mano. El jefe mata al otro jefe, le dió con toda el alma con el arma de roca, un poco más y lo abre en dos (se dice que Caín con Abel hizo algo así). El que era jefe de clan, es el Gran Jefe de toda la zona del sur y del este, del lado de acá del río. Se oye todo el día « ¡Viva el Gran Jefe!».
Pero esto no es todo: los del clan del otro lado usan el arco y lo usan muy bien. Esta vez, la cosa no es como la otra vez. El clan del otro lado gana. Su jefe ya es rey de toda esa zona.
Al lado del rey hay uno que sabe que es lo que dice Dios. El rey le teme un poco, no sabe muy bien si eso que dice es así o es de otro modo, pero como dice que sabe… tal vez sea así. El rey dice para sí, en voz baja «a ver si este que dice que está con Dios me hace daño… en fin… que siga con eso en paz. Yo aún soy el rey». Pero hay otro más al que el rey le teme: al jefe de los que usan el arma. El rey dice para sí « ¿y si este me mata para ser él el rey? a este le temo más que al otro… y esto no es todo, está ese otro de allá, el que está con todo el oro… si le da un poco de su oro al que dice que está con Dios y otro poco de oro al jefe de los que usan el arma, chau rey… que cosa fea esto de ser rey ¿no?».
Y eso fue lo que pasó al fin. No sé cuál de los tres fue rey, si el de Dios, el del arma o el del oro, pero no hay duda de que esto pasó de ese modo.
Pasa un año y otro más, más de cien, casi mil. En un país seco, al lado del río Nilo, hay unos que son de allí. Hay rey, hay un dios y otro y otro más. El agua del río les es muy útil. Cada año sube y el rico lodo es apto para la vida, de ahí se saca lo que se come. El rey de esos era como un dios. Al irse para el otro lado, al rey se lo pone en una tela de fino lino, con goma, áloe, cera, sal, etc. para que esté así por años y años. Un rey hizo una gran casa para él, para su otra vida, una casa muy alta. Hoy aún está allí, la van a ver de casi todo el orbe.
Al lado del rey hay uno que sabe que es lo que dice Dios. El rey le teme un poco, no sabe muy bien si eso que dice es así o es de otro modo, pero como dice que sabe… tal vez sea así. El rey dice para sí, en voz baja «a ver si este que dice que está con Dios me hace daño… en fin… que siga con eso en paz. Yo aún soy el rey». Pero hay otro más al que el rey le teme: al jefe de los que usan el arma. El rey dice para sí « ¿y si este me mata para ser él el rey? a este le temo más que al otro… y esto no es todo, está ese otro de allá, el que está con todo el oro… si le da un poco de su oro al que dice que está con Dios y otro poco de oro al jefe de los que usan el arma, chau rey… que cosa fea esto de ser rey ¿no?».
Y eso fue lo que pasó al fin. No sé cuál de los tres fue rey, si el de Dios, el del arma o el del oro, pero no hay duda de que esto pasó de ese modo.
Pasa un año y otro más, más de cien, casi mil. En un país seco, al lado del río Nilo, hay unos que son de allí. Hay rey, hay un dios y otro y otro más. El agua del río les es muy útil. Cada año sube y el rico lodo es apto para la vida, de ahí se saca lo que se come. El rey de esos era como un dios. Al irse para el otro lado, al rey se lo pone en una tela de fino lino, con goma, áloe, cera, sal, etc. para que esté así por años y años. Un rey hizo una gran casa para él, para su otra vida, una casa muy alta. Hoy aún está allí, la van a ver de casi todo el orbe.