LA NUEZ DE ARRIBA: El Tomate Rodolfo...

El Tomate Rodolfo

Rodolfo Jones decidió un día que ya estaba bien de holgazanear todo el tiempo al Sol. Pensaba que ya había madurado lo suficiente como para emprender la aventura de su vida. Y, sin más, se soltó de la Mata, se despidió de todos y aseguróse de que sus amigos preferían no marchar y sí rellenar latas.
- Pues bueno, si eso es lo que queréis, yo prefiero viajar un poco.
- No olvides saludar a mi tío Pimiento, que se marchó hace años y no sabemos por donde anda...
- Si vas a la Playa no olvides untarte aceite...
- Si acabas en una ensalada de buena familia no se te olvide meterte entre las comisuras de los dientes, ya verás qué risa...
Rodolfo Jones metió en su mochila lo imprescindible y se puso en marcha. No tuvo dificultad para salir de la Huerta pues el Hortelano dormía la siesta a pata suelta.
Una vez en ruta se dio cuenta de que no se había afeitado, pero... eso no le importaba demasiado, a fin de cuentas; qué es un aventurero sin su barba de varios días.
Cuando Rodolfo Jones vio la carretera a lo lejos, el Sol estaba por ponerse, hacía frío y tenía hambre, junto a él pasó una guapa conductora morena llevando un precioso todoterreno blanco. Jones estaba seguro de que ella hubiera accedido a llevarlo, pero, qué aventurero se deja en manos de una chica guapa para que ésta le resuelva sus problemas.
Rodolfo Jones durmió junto a una Seta loca; su conversación era insoportable pero daba buen abrigo.
Ya el Sol salía y Jones se despidió de la amiga Seta.
- Adiós y gracias.
- Adiós guapo...
Rodolfo Jones encontró la línea negra de la carretera cuando el Sol estaba muy alto y el asfaltado parecía despedir humo.
"Suerte de haberme untado con aceite..."
La carretera estaba solitaria, sólo se oía el zumbido de algún que otro Abejorro petardo.
Rodolfo Jones sí se encontraba ahora en camino, sí, ahora el mundo que se extendía más allá de la carretera lo aguardaba ansioso. Rodolfo también se extendió, pero sobre el cemento de la carretera, fue un camión y luego ¡chooof! Pero no estéis tristes amigos, Rodolfo Jones expandió su zumo por la calzada, de allí se filtró y fue a su mamá la Tierra, y de ella a rellenar otros Tomates iba. Porque habréis de saber que la Mamá nunca deja morir a sus hijos, sólo los crea y, a algunos... con zumo de valientes.