Ninguna piedra tiene edad.
Los portales están perdidos
en su sombra. Tras las ventanas,
hay ojos que no miran, restos
de haber mirado en sueños. Y hay
polvo al que no llegó ni el viento.
La calle es el revés de algún
recuerdo: sale una mujer,
mira la puerta y nunca sabe
quién ha llamado,
Los portales están perdidos
en su sombra. Tras las ventanas,
hay ojos que no miran, restos
de haber mirado en sueños. Y hay
polvo al que no llegó ni el viento.
La calle es el revés de algún
recuerdo: sale una mujer,
mira la puerta y nunca sabe
quién ha llamado,
como si
estuviera llegando un muerto.
No hay niños ya: se fueron a otro
tiempo. Mujeres satinadas
vigilan el silencio, el aire
de vitrina sin nada dentro.
De un tejado a otro, salta
un gato. El sol juega a trapecio.
Un olor a pared mojada
se hace rincón. Las piedras
se resignan al cautiverio
estuviera llegando un muerto.
No hay niños ya: se fueron a otro
tiempo. Mujeres satinadas
vigilan el silencio, el aire
de vitrina sin nada dentro.
De un tejado a otro, salta
un gato. El sol juega a trapecio.
Un olor a pared mojada
se hace rincón. Las piedras
se resignan al cautiverio