Ninguna
piedra tiene edad.
Los portales están perdidos
en su
sombra. Tras las
ventanas,
hay ojos que no miran, restos
de haber mirado en sueños. Y hay
polvo al que no llegó ni el viento.
La
calle es el revés de algún
recuerdo: sale una mujer,
mira la
puerta y nunca sabe
quién ha llamado,