Cuando se clavan tus ojos
en un invisible objeto
y tus labios ilumina
de una sonrisa el
reflejo,
por leer sobre tu frente
el callado pensamiento,
que pasa como la nube
del
mar sobre el ancho
espejo,
diera, alma mía,
cuanto deseo:
¡la fama, el oro,
la gloria, el genio!