Ya los valientes rayos
de la vulcana forja,
en vez de
torres altas,
abrasan pobres chozas.
Contenta con tus redes,
a la
playa arenosa
mojado me sacabas;
pero vivo, ¿qué importa?
Cuando de rojo nácar
se afeitaba la aurora,
más peces te llenaban
que ella lloraba aljófar.