Y al que te pide un pan no les des un consejo.
No te juzgues más sabio qeu aquél que busca ayuda.
Dale apoyo y aliento y comparte su carga.
Dale tu oro y tu esfuerzo,
y después da el consejo.
No te juzgues más sabio qeu aquél que busca ayuda.
Dale apoyo y aliento y comparte su carga.
Dale tu oro y tu esfuerzo,
y después da el consejo.
Al temor no le pongas el disfraz del perdón;
el valor, hijo mío, es la virtud más alta
y confesar la culpa el supremo valor.
No eches pues en los hombros de tu hermano la carga,
ni vistas a los otros las ropas de tu error.
Es tu deber, si caes, no obstante la caída,
tu ideal y tu anhelo mantener siempre enhiestos;
y no buscar la excusa, ni encontrar la disculpa.
Los héroes, hijo mío, nunca esgrimen pretextos.
el valor, hijo mío, es la virtud más alta
y confesar la culpa el supremo valor.
No eches pues en los hombros de tu hermano la carga,
ni vistas a los otros las ropas de tu error.
Es tu deber, si caes, no obstante la caída,
tu ideal y tu anhelo mantener siempre enhiestos;
y no buscar la excusa, ni encontrar la disculpa.
Los héroes, hijo mío, nunca esgrimen pretextos.
La mentira es hollín, no te manches los labios.
Y no ostentes seer rico, ser feliz o ser sabio
delante del que exhibe la llaga del fracaso.
No subleves la envidia, la admiración, los celos;
y busca l a sonrisa, no busques el aplauso.
Y no ostentes seer rico, ser feliz o ser sabio
delante del que exhibe la llaga del fracaso.
No subleves la envidia, la admiración, los celos;
y busca l a sonrisa, no busques el aplauso.
Y perdónale al mundo su error, si no valora
tus merecimentos en lo qeu crees que valen;
(es probable hijo mío, que el más justo evalúo
es el que el mundo hace).
tus merecimentos en lo qeu crees que valen;
(es probable hijo mío, que el más justo evalúo
es el que el mundo hace).
Y por fin, hijo mío:
que no turbe tu sueño la conciencia intranquila;
que no mengüe tu dicha el despecho abrasivo,
ni tu audacia flaquee ante la adversidad.
No deforme tu rostro jamás la hipocresía
y no toque tu mano, tración o deslealtad.
que no turbe tu sueño la conciencia intranquila;
que no mengüe tu dicha el despecho abrasivo,
ni tu audacia flaquee ante la adversidad.
No deforme tu rostro jamás la hipocresía
y no toque tu mano, tración o deslealtad.
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