El centeno se segaba y transportaba como el resto de cereales, pero luego recibía un tratamiento específico. En primer lugar se agrupaba en badejones con paja suficiente para unos veinte vencejos. Los badejones se peinaban sobre el horquillo metálico clavado en uno de los haces que le servía de bastidor ya través del cual asomaban las púas. Sobre ellas se pasaba el badejón para eliminar la paja más corta y la quebrada hasta obtener un manojo homogéneo de la longitud adecuada. Una vez atado, las cabezas de centeno del badejón se golpean sobre una tabla inclinada y con más frecuencia sobre la cara superior del trillo dispuesto al efecto, hasta desgranar las espigas