Cada manada se componía de ocho puños o puñados, cuatro por cada segador. Cuatro manadas cruzadas hacían un haz. Los haces se ataban con vencejos de paja de centeno. Las manadas y haces debían estar bien equilibrados, cruzando adecuadamente la mies para evitar que se escurriera del vencejo y que fueran más gruesos por una parte que por otra. No existía un vestuario específico de siega, salvo el habitual que protegía la ropa de vestir y protegía del sol. Algunos, sin embargo, utilizaban zagones y delantales en el momento de atar y no era extraño que las mujeres dispusieran de manguitos para salvaguardar los antebrazos.