El ir a por el agua, lo hacían generalmente las mujeres, y más bien jóvenes. Con el carrillo, donde se podía ir con él o generalmente yendo las muchachas a por el agua con el cántaro a la cadera. Cuando llegaban a la fuente, si había gente antes, ponían un cántaro en el suelo en fila a continuación del que había llegado el último, para esperar su turno y entonces llenar los dos o cuatro cántaros que traían en el carrillo o los que portaban a las caderas. Si había mucha gente en fila, aprovechaban el viaje para lavar la ropa en el riachuelo y de paso contar historias o cantar canciones.