LA NUEZ DE ARRIBA: Ya tenemos a las dos caballerías uncidas con el “ubio”,...

Ya tenemos a las dos caballerías uncidas con el “ubio”, que con unas sogas dispuestas para que no se rozaran, se ataban a un travesaño, y éste con una argolla, se unía a un gancho que llevaba el trillo y en estas condiciones empezaban los animales a dar vueltas a la parva, al medio día, tanto los animales como las personas descansaban, no les hacía falta reloj, tampoco los había y menos de pulsera, cuando en la fachada este de la torre empezaba a ponerse en sombra, era medio día, en aquel momento las personas a comer y a las caballerías a darles agua en el pilón de la fuente.

La comida no duraba mucho, y menos si amenazaba tormenta, otra vez a lo mismo, los animales a dar vueltas con el fin de hacer las pajas de la mies cada vez más pequeñas, para dárselas a comer en los meses de invierno a las vacas, ovejas, etc.

Una vez terminado de trillar, se procedía a pingar la “parva “ ya que al otro día, se extenderían los haces alrededor de ella, normalmente no se abeldaba (aventar para separar el grano de la paja) hasta que no se terminaba de trillar el trigo, pero si alguna noche hacía un buen viento solano, se aprovechaba, y los mayores de la casa pasaban allí la noche separando el trigo de la paja, para tal fin, se empleaba el “bieldo” que consistía en un palo largo y en el extremo inferior, unos trozos de madera o de hierro en punta con los cuales se levantaba la paja y el trigo al mismo tiempo, encargándose el aire de separarlo, a la mañana siguiente, el trigo se cribaba, se metía en sacos y por medio de las caballerías, se llevaba al granero, la paja se ponía a un lado de la era, con el fin de poder trillar el mismo día, y de esta forma un día y otro hasta que terminaba de trillar el trigo, la avena, centeno y cebada, que eran las mieses que sembraba el labrador medio.