Guardo, para alivio de mis penas hondas
en lo más oculto de mi pecho huraño,
una cabellera que se riza en ondas
y unos ojos bellos de color castaño.
Si la reina mía, caprichosa a veces,
me esconde sus gracias - ¿desdén, egoísmo?-
por templar el hielo de sus esquiveces,
algo de ella busco dentro de mí mismo.
Y hallo, confundido con mis penas hondas
huéspedes eternos de mi pecho huraño,
una cabellera que se riza en ondas
y unos ojos bellos de color castaño.
en lo más oculto de mi pecho huraño,
una cabellera que se riza en ondas
y unos ojos bellos de color castaño.
Si la reina mía, caprichosa a veces,
me esconde sus gracias - ¿desdén, egoísmo?-
por templar el hielo de sus esquiveces,
algo de ella busco dentro de mí mismo.
Y hallo, confundido con mis penas hondas
huéspedes eternos de mi pecho huraño,
una cabellera que se riza en ondas
y unos ojos bellos de color castaño.