La tempestad no pudo
borrar nuestras miradas,
amadas y entregadas
en el vaivén de nuestros cuerpos
cómplices de placer, fuego lento...
porque escrito en la arena estaba
borrar nuestras miradas,
amadas y entregadas
en el vaivén de nuestros cuerpos
cómplices de placer, fuego lento...
porque escrito en la arena estaba